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… o próximo destino: customerexperience

La publicidad es muy sentimental. Le afecta lo que digan de ella, las modas le influyen por mucho que se crea atemporal, se frustra cuando no llega a los demás y no soporta ser efímera.
Es experta en mirarse el ombligo. Eso sí. Y de tanto hacerlo se olvidó de su fin.

El espectador, mientras tanto, quería dejar de serlo. Buscaba un papel protagonista en su relación con ella. Pero como la publicidad estaba a sus cosas, ni se inmutó. Y cuando él dejó de hacerla caso, se durmió. Estaba cansada, se repetía demasiado, necesitaba cambiar.

“Cinco minutos más”, pidió entre dientes mientras remoloneaba en la cama. ¿Qué era eso que no había escuchado antes? Sonaba a ¡maldito despertador! pero a la vez era una melodía preciosa para sus oídos.
Al espectador le sucedió lo mismo.

La publicidad salió a su encuentro y al descubrirse mutuamente completamente renovados se fundieron en un abrazo tan efusivo, que alguien que pasaba por allí susurró que eso era amor verdadero. Ellos prefirieron llamarlo customerexperience.

La razón dejó paso a la emoción a partir de entonces. Él era su máximo protagonista y ella le ofrecía contenidos siempre personalizados y a través de nuevos canales que conseguían que disfrutase aún más las experiencias.

Así entiende la publicidad Alfil y así consigue que se sientan los espectadores de las marcas de sus clientes. Despertando pero sin sobresaltos. Escuchando y asesorando. Atendiendo a la experiencia pero sin dejar paso a la vanidad. Buscando el éxito sin importarle la fama.

Ahora ya sabes la respuesta si alguien te pregunta “¿y quién despierta a la publicidad dormida?” Sólo te queda decidir tu próxima parada: ¿customerexperience?

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